estafilococo

JUEGO DE NIÑOS

In Narrativa on septiembre 5, 2009 at 9:40 pm

El espacio inconmensurable, la quietud ingrávida del espacio, el silencio espacial impenetrable. Su corazón solitario guía las manos sobre los controles indescifrables. La nave se interna en una masa negra inexplicable, como atraída se deja llevar. Y es inhumana la forma de sufrir de Luis, el experto piloto que sin más sucumbirá. Su rostro inmutable presencia el fin de su viaje; y de su vida. Pero algo inesperado, como puede ser una repentina baja en la potencia de sus magnetos especiales, impide que la nave desaparezca. Increíblemente confiado, suspira aliviado y redescubre cuanto le gustan esos momentos en los que cree respirar por última vez. Deja atrás la mortal oscuridad y programa su nave hacia la ineludible estación de descanso. Desciende y, sin inconvenientes, conquista a una criatura galáctica. Ella creyó irreconocible la figura de Luis, de tal manera que al principio de la conquista, ella prefirió no ser conquistada. Pero Luis, con su inmensa galantería, siempre supo como debilitar la guardia de jóvenes celestes. Lo despertó una alarma inaudible para los demás. Era el llamado de su superior inmediato, quien inmutable le ordenaba tomar por sorpresa la base enemiga, en un planeta lejano. Una vez más, Luis no tuvo otra opción que correr hacia su irremediable destino.

por Humberto Albertini

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QUÉ NOS LLEVAMOS

In Narrativa on agosto 13, 2009 at 6:26 am

QUÉ NOS LLEVAMOS – del libro EL MUNDO Y OTROS CUENTOS.

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Rudolf yacía en su mecedora. La silla aún se movía, víctima del impulso provocado por Rudolf al morir. Estoy seguro de que si les hubieran preguntado, ni Rudolf ni la silla esperaban que esto ocurriese. Es que en realidad, Rudolf no esperaba nada. Solo estaba sentado. El nunca esperaba nada, ya que las cosas por él deseadas nunca ocurrían. Por ende al ocurrir nada, nada pasaba, nada esperaba. La silla, que sobrevivió a Rudolf, podría jurar que él recién supo que estaba vivo cuando moría. Y esto no responde a la famosa paradoja que nos indica que valoramos lo que tenemos cuando lo perdemos, sino a la lentitud con la que Rudolf captaba las cosas. Casualmente, al momento de su muerte, y detengámonos en lo que estaba haciendo: nada, comprobó que vivía. Y apenas la idea de hacer algo con su vida cruzó por su mente, la muerte lo arrebató, dejando sólo un cuerpo pasmado, tieso. Dejando como última señal de su existencia, una mecedora conformista. Alguien recogió sus cosas, las vendió, y regaló, y quemó, y atesoró, y descuidó.

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LIMERICKS

In Narrativa on mayo 9, 2009 at 7:43 am
Cerdos de Limerick, Irlanda

Cerdos de Limerick, Irlanda

Había un cerdo moteado

al cual  su pata le quitaron.

Nadie la comió,

pronto se pudrió

la pata de ese cerdo moteado.

* * *

Vivió una mujer armenia

que sufría de esquizofrenia.

Repudiaba la ventaja

mas nunca usaba alhajas,

la esquizofrénica mujer armenia.

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